El último de los retos del curso del INAP sobre igualdad de trato y no discriminación nos requiere la realización de una reflexión sobre qué podemos hacer nosotros como empleados públicos para impulsar en nuestros puestos de trabajo estos principios que hemos estudiado.
En mi caso concreto, me dedico al trámite inicial de prestaciones no contributivas. A lo largo del mes resolvemos en mi sección cientos de expedientes de personas procedentes de ambientes socioeconómicos y culturales muy diversos, es una prestación totalmente transversal en nuestra sociedad. Es por eso que creo que es un puesto de trabajo en el que la formación en igualdad de trato y no discriminación es relevante. Sin embargo, considero que la ley que regula la prestación que tramito recoge en su articulado supuestos muy tasados y con requisitos muy objetivos, por lo que la discrecionalidad es prácticamente inexistente.
En cuanto a otro tipo de discriminación entre las que hemos estudiado como la discriminación sexual o por razón del sexo, creo que en las Administraciones Públicas podemos mejorar intentando dar tolerancia cero a esos supuestos y activando los protocolos establecidos para ello. Creo que las Administraciones están avanzando mucho en la materia y cada vez se es más consciente de la necesidad de respetar la diferencia.
En cuanto a actuaciones más concretas que podemos hacer, podríamos tratar de introducir lenguajes más inclusivos como hemos estudiado y evitar palabras que puedan ofender o menospreciar a colectivos vulnerables u oprimidos, participar en los cursos de formación de nuestros centros de trabajo en los que se trabaje la igualdad, activar los protocolos de acoso en caso de ser testigos de un suceso, respetar a los ciudadanos que ejercen su derecho a solicitar una prestación...